TODOS SE ACUSAN

Es una pena, pero nos estamos acostumbrando a observar que gran parte de nuestras autoridades y entidades públicas, están en un plan de acusaciones recíprocas y hasta diríamos colectivas.
Lo peor es que no solo observamos tales hechos, sino que además lo vamos viendo normal, cuando no lo es y, encima de todo ello fomentado por cierta prensa irresponsable que está en el plan escolar de ¿quién la pega primero? y luego ¿cómo responde el adversario temporal?
La conjugación del verbo acusar se ha convertido en cotidiana, pues nuestras máximas autoridades están en el plan de yo acuso, tu acusas, él acusa, nosotros acusamos, vosotros acusáis y ellos acusan. Esto no es normal y debe terminar.
No es de modo alguno que intentemos promover la impunidad pues cuando hay delito tiene que denunciarse, procesarse y sancionarse. A lo que nos referimos es al prurito de acusar sin ton ni son, porque simplemente te molestó las expresiones de cualquier otra autoridad, o porque consideraste inapropiado el pronunciamiento colectivo de algún organismo del Estado, o simplemente porque te cayó “chinche” quien tuvo afirmaciones que consideraste inadecuadas ¡Qué tal osadía!
¿Qué se consigue con actitudes como las señaladas? pues nada más ni nada menos que nuestros altos funcionarios estén dedicados al juego de las acusaciones y contra acusaciones y, encima, pierdan su tiempo y esfuerzos en cosas irrelevantes, en lugar de estar dedicados al cumplimiento de sus funciones.
Cuando los actores estatales están en los dimes y diretes sin relevancia, quienes perdemos somos los administrados, pues las autoridades dejan de cumplir con sus responsabilidades y obligaciones, para estar dedicados a defenderse de denuncias intonsas.
Lo que es peor, con las denuncias sin sentido y exageradas frente a afirmaciones que no son del gusto del denunciante, es que hay veces en que se consigue activar los organismos de investigación y procesamiento y se va hasta judicializando la política, con los resultados que ya conocemos.
Requerimos ser más tolerantes y no saltar como resortes con expresiones de otras autoridades que piensan diferente de uno. Se les puede contestar, por supuesto que si, dentro de las reglas conocidas como de urbanidad y buenas costumbres, sin necesidad de estar llenando las páginas de los medios escritos y los horarios noticiosos de radios y televisión y, a toda hora del día y de la noche, en las redes sociales, pues cada vez hay más personas que están las 24 horas del día prendidas del celular, como si es que no tuviesen nada positivo que hacer.
Por otro lado, sobre todo en el Parlamento, hay quienes quieren destacar sobre los demás, pero aunque huérfanos de buenos proyectos y de defensa de los derechos ciudadanos, les es más fácil el escándalo, pues frente a cualquier denuncia, así sea manifiestamente irrelevante, se prenderán los reflectores de medios que se nutren del escándalo para tener audiencia.
¡Volvamos a la sensatez y a la seriedad!

Antero Flores-Araoz
Antero Flores-Araoz
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