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HOMICIDIO Y FEMINICIDIO

EL PERUANO- Lima, 13 de mayo de 2019

La tendencia actual de saludar en auditorios y en escritos, a damas y caballeros separadamente, cambió la costumbre de dirigirse a ellos como seres humanos en general. Antaño, a nadie se le ocurriría decir alumnos y alumnas, doctores y doctoras, ministros y ministras, carpinteros y carpinteras, por eso se nombraban simplemente como alumnos, doctores, ministros y carpinteros,
A nadie se le ha ocurrido, felizmente, señalar compatriotas y “compatriotos”. Ahora bien, el motivo de estas reflexiones, es el hecho de distinguir hoy en día homicidio (simple) de feminicidio, ante la errada creencia que la diferencia está en el sexo de la víctima del delito: si es hombre estamos frente a homicidio y si es mujer estamos frente a feminicidio.
El homicidio simple, desde siempre, estuvo tipificado como delito contra la vida, vida que podría ser de hombre o de mujer indistintamente, se trataba de castigar a quien cegara la vida de otra persona, por lo cual gran parte de los diccionarios usuales y también jurídicos, definían al homicidio como el delito de causar la muerte a otra persona, pero si concurrían las circunstancias de alevosía o ensañamiento, entre otras, o si la víctima era menor o discapacitada, el homicidio se tornaba en agravado con penas mayores y se denominaba homicidio calificado o asesinato.
Como vemos el homicidio no estaba circunscrito a que la víctima fuese hombre, pues tenía que ver con todos los seres humanos, empero con el correr del tiempo y gracias a los estudios y perseverancia de Diana Russell, se estableció que a veces el homicidio contra la mujer, no era por celos, por robarle su cartera o teléfono móvil, sino por odio, por la sola consideración que la víctima era mujer, lo que implicaba discriminación, desigualdad y violencia sistemática, que llevaba hasta la muerte.
En el Perú se incorporó el delito de feminicidio a nuestra legislación penal por la Ley 30068 en el año 2013, con penas que podían llegar a ser más severas que las del homicidio simple; pero en que tenían que concurrir, además de la consideración de odio, contexto de violencia familiar, hostigamiento o acoso, abuso de poder, discriminación, entre otros, y considerando adicionalmente los casos en que el feminicidio es agravado; la pena se agrava aún más.
Como todavía hay la creencia que hay homicidio cuando la víctima es hombre y feminicidio cuando es mujer, quítensela de la mente pues el homicidio puede tener como víctima a hombre o a mujer, y solo es feminicidio cuando se termina la vida de la mujer por causal de odio, por su sola condición de mujer.
En nuestros días, cada vez que se termina por mano ajena con la vida de una mujer, se cree que es feminicidio, cuando no necesariamente lo es, y hasta las estadísticas conducen al error. Sigue existiendo homicidio cuándo la víctima es mujer, pero hay feminicidio cuando concurre la motivación de odio, por ser la víctima simplemente mujer; lo que nuestros operadores del Sistema de Justicia deberían de tenerlo bien presente.